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¡Yo soy nadie! ¿Quién eres tú?
¿Tú también eres ―nadie―?
¡Entonces ya somos dos!
¡No lo digas! Podrían proclamarlo ―ya sabes!
¡Qué aburrido ―ser― alguien!
¡Qué notorio ―como una rana―
diciendo su nombre ―todo el mes de junio―
a una querida laguna!
Emily Dickinson.


«Yo morí por la Belleza,
pero apenas estaba colocada en la tumba,
cuando uno, que murió por la Verdad,
fue tendido en un cercano lugar
Me preguntó en voz baja “por qué había muerto”.
“Por la Belleza” —respondí—.
“Y yo por la Verdad. Ambas son la misma cosa.
Somos hermanos” —dijo él—.
Y así hablamos desde nuestros aposentos,
como parientes que se encuentran en la noche,
hasta que el musgo alcanzó nuestros labios
y cubrió nuestros nombres».
Emily Dickinson