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«Muchos quieren obtener creaciones mentales utilizando el método faquírico. Es un error. Cada cual debe tener su método. Cuando quiero hacer aparecer una rana viva (una rana muerta, es muy fácil), no me esfuerzo. Incluso, me pongo a pintar un cuadro mentalmente. Esbozo las orillas de un arroyo escogiendo bien los verdes, luego espero el arroyo. Después de un rato, sumerjo una varita más allá de la orilla; si se moja, estoy tranquilo, sólo hay que tener un poco de paciencia y pronto aparecerán las ranas saltando y zanbulléndose. Si la varita no se moja, hay que renunciar. Entonces, hago de noche, una noche bien cálida y, con una linterna, circulo por el campo; es raro que tarden en croar. Esto no viene a cuento aquí. Pero tengo que decirlo, está ante mí, viene: Voy a quedarme ciego».

Henri Michaux. La Noche se agita


«Un corazón de rana, es importante haberlo visto, separado del cuerpo, latiendo sumergido en un tubito de ensayo durante varios días; es más impresionante aún que el pecho de donde fue sacado. Es importante haberlo visto, separado de todo, vigoroso, enceguecido y abocado a lo suyo, sin distraerse, cumpliendo vanamente sin dudar con sus latidos y latidos para nadie, haciendo lo que hacía en la naturaleza cuando en el interior de un modesto batracio estaba conectado a las arterias y venas e impulsaba la sangre, glóbulos blancos y eso… Desde el embrión estaba en marcha ya, ya desde el huevo, andando, haciendo andar, autor de la circulación.
Hacían falta muchos así de tercos como él para que pudieran en charcos y pantanos saltar por todas partes las ranas, tuvieran o no ganas, las lerdas y las otras, propulsadas, llevadas por el propulsor infatigable, condenadas a ir hasta el fondo, lo quisieran o no, al futuro, secreto de la vida».

Henri Michaux, Poteaux d´angles.